Vivimos rodeados de normas. Tenemos normas de tráfico, normas para la salud, normas en casa, normas de ortografía, normas en el instituto...¡Qué hartura! ¿Y si prescindiéramos de las normas?
¿Se pararían los automóviles para dejar paso a un peatón? ¿Podríamos cruzar la calle con garantías de llegar al otro lado sanos y salvos? Quizás no, porque la cuestión es que somos muchos y cada uno y cada una con una idea diferente de lo que sería mejor para regular el tráfico, para asistir a la consulta de un médico, para escribir con corrección, etc...
Si nos paramos a pensarlo quizás concluyamos todos que las normas garantizan la convivencia, pues cuando las cumplimos estamos respetando los derechos de las personas que nos rodean.
Podríamos decir que las normas son como un marco que permite la convivencia en grupo, pues gracias a éstas los miembros de cualquier pequeño o gran grupo pueden conocer dónde están los límites de lo aceptable para asegurarnos de que nadie es aplastado o ignorado en sus derechos. Las normas establecen cuál es la mejor manera de convivir.